
Foto: © Rosalie O’Connor
Cada vez que utilizas un lenguaje específico y matizado para describir una sensación placentera, estás literalmente fortaleciendo las vías neuronales que reconocen y buscan esas experiencias.
Esto no es sólo una filosofía del bienestar: es neuroplasticidad en acción.
Tu cerebro se reconfigura constantemente según a qué prestas atención. Cuando notas y nombras repetidamente sensaciones placenteras con un lenguaje rico y específico, estás entrenando a tu sistema nervioso para que se vuelva competente en la búsqueda del placer en lugar de estancarse en la búsqueda de problemas.
Cada vez que dices «Mi espalda se siente relajada y con apoyo» en lugar de simplemente «No me duele la espalda», activas diferentes redes neuronales. Activas las partes de tu cerebro asociadas con la seguridad, la curiosidad y el bienestar, en lugar de solo el sistema de detección de amenazas.
Con el tiempo, esto cambia el modo predeterminado de tu cerebro. En lugar de buscar constantemente lo que está mal, tu sistema nervioso empieza a detectar automáticamente lo que está bien. Empiezas a vivir en un mundo donde el placer y la tranquilidad son tan reales y accesibles como el dolor y la tensión.
Piénsalo: si pasaras el próximo mes describiendo una sensación placentera con detalle cada día, tu cerebro empezaría a buscarlas automáticamente. Te estarías entrenando para ser un experto en tu propio bienestar.
Es por eso que las personas que desarrollan su alfabetización del placer a menudo dicen cosas como «Nunca me di cuenta de lo bien que podía sentir mi cuerpo» o «Estoy notando cosas a las que nunca antes prestaba atención».
Esto no solo cambia cómo experimentas tu cuerpo, sino cómo experimentas toda tu vida.
Si esto te resuena o conectas con algo de lo que explico: Escríbeme, tu viaje de recuperación corporal te espera!
